Una vez muerta, el hijo le invitó al almuerzo todos los días.
-Buen provecho mamita Ceniza-.
La mamá le miraba con esos ojos resecos y él alejaba el cubierto de su boca abierta entendiendo la indirecta, él daba gracias al Señor antes de nada.
El grano de ceniza, que una vez fue boca, se torcía en mueca (intento de sonrisa). Bien hijo.
Cuando está inquieta la mamita se cae al suelo (la edad) y se barre y se recoge y se ordena y se limpia en el cenízaro como toda madre-nuestra-que-estás-en-los-cielos. Entonces la guarda del viento y del frio y de los viejos verdes y de los huambras de mierda y de los que inhalan muertos o de los soles cancerígenos.
Fabiancito hijo querido, la consciente, la quiere, la cuida, le repone, con quemaditos de orégano y ceniza de manzanilla, los dolores de estómago que el viento en polvo se lleva.